lunes, 6 de diciembre de 2010

Felis catus


Nada forja más lealtad y gratitud en un gato que las caricias y la leche tibia. Así conocí a Boa, un gato merodeador del vecindario. Para él, el día resulta chocante aunque un poco quimérico, pero la noche le pertenece; sus pupilas se dilatan para apreciar mejor el entorno, sus sentidos se convierten en penetrantes sondas que todo lo divisan. En la oscuridad de la noche ya no hay tantos de esos primates de piel lisa que vienen y van como sin rumbo montados en sus escandalosos velocípedos y fingiendo estados de ánimo que no les sientan, también fingen sonrisas con acendrada desfachatez, pero entre ellos no lo advierten; creen que conviven, pero no se dan cuenta que han dejado de vivir y apenas están aprendiendo a sobrevivir con lo poco que les queda y sin lo mucho que ya han tomado de esta tierra. Los monos bípedos y de piel desnuda abandonan la escena un poco después de sus estúpidas oraciones a una deidad que hace rato abandonó este lugar, pero los perros permanecen. A Boa le parece que nunca duermen, no distinguen el día de la noche porque ven en blanco y negro. Boa nunca ha entendido la rivalidad sempiterna que ha marcado la relación de los perros con los de su especie, cree que esta hostilidad fue mal repartida porque perros y gatos no compiten por nada: los perros comen sobras y carne putrefacta, los gatos de la calle cazan insectos, pequeños roedores y lagartijas nocturnas, los perros se recrean o se enervan persiguiendo a los velocípedos de los monos de piel lisa y lampiña, los gatos les temen; los perros son fieles y fervientes adeptos de sus amos, los gatos son desconfiados y solo toman lo que necesitan sin comprometerse sentimentalmente, no tienen susceptibilidad y el escrúpulo solo lo usan a la hora del baño; los perros no se separan nunca del suelo abyecto, los gatos prefieren los tejados; De esta manera, aunque son escasos los eventos en los que un canis familiaris y un felis catus establecen contacto visual, el hecho casi siempre termina con gato que huye o una nariz de perro que sangra y se infecta.






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