miércoles, 9 de diciembre de 2009

Caballo (equus caballus)

Hace varios días que quería escribir algo acerca de los caballos. No me refiero a mi suegro propiamente, aunque para el también este homenaje por su nobleza y humildad, cualidades que comparte con estos ungulados.

Las ganas de escribir acerca de los caballos surgieron espontáneamente a principios de este mes, cuando estando en el mirador de una finca ví pasar a un caballo moro montado por un parroquiano común. El momento era propicio para inspirar la mejor de las sensaciones, un atardecer largo y parsimonioso en el piedemonte de la cordillera central, un paisaje verde y picante y una carretera trillada y polvorienta. Inmediatamente pensé que no hay mayor perfección en la naturaleza que aquella que se aprecia en los movimientos de un caballo que corre por la pradera. Ni hay mayor sentido de la libertad que aquel que se experimenta cuando se galopa sobre el lomo de este noble animal. Llevaba la crin larga y suelta, como una muchacha con la cabellera libre y abundante y una túnica blanca raída. Tenía un galopar certero e infalible, parece que supiera mejor que su jinete a dónde habría de llegar esa tarde-noche.

El caballo parece un ser mítico de apriencia grandiosa y elegante, son animales especiales que historicamente han servido al hombre más de lo que este los ha servido a ellos, pues desafortunadamente no todo es prosa y poesía en el tortuoso mundo del caballo, porque en nuestro medio hasta se les hecha gasolina y se los quema cuando no quieren levantarse para trabajar, a las yeguas se las deja parir en la calle, se les da machete y se les mata de hambre:


De niño tuve en esta misma cordillera sobre la que ha transcurrido una buena parte de mi vida, una llegua amarilla de nombre La Chilena; la montaba cada que podía hasta que estuvo a punto de parir. De La Chilena retoñó un hermoso portro negro mineral a quien llamamos Azabache. Cuán extraño se comportaba ese potrico, parecía que siempre estuviera pensando por sí mismo y siempre en cosas divertidas. Y se le veía a menudo recrearse avistando los pajaritos que se alimentaban en el moral y presiguiendoles para verles volar asustados. Una sola vez lo cabalgué aún sin domar, a pelo, era un animal algo nervioso, excitable y perturbado, pero me aceptó porque comprendió que era su amigo, el que lo alimentaba por las mañanas con arracacha picada y le peinaba la crin con cepillo de alambre. Finalmente lo cambiaron por algunas monedas a un carretillero. Tal vez sea uno de estos que observamos en las fotos de este blog, descolorido ya de tanto maltrato.
Esta entrada tiene como propósito evitar el maltrato a los animales en general, pero el de los caballos en particular. Promovamos todos el buen trato a estos animales y denunciemos cualquier conducta que atente contra su bienestar.

GALOPE...
"Pocas cosas hay tan apasionantes como el lento galope de tu caballo.
Despacio, dejándote sentir, tranquilo, cadente... sin prisas...
Aquí te da la oportunidad de aprender a disfrutar de su movimiento.
Te espera y te da tiempo,te invita a saborear el momento,
su poténcia, la reunión de todas sus fuerzas y el deseo de satisfacerte.
Controla sus ganas de correr y las invierte en elegancia.
Tiene tiempo de perfeccionar cada uno de sus trancos
y consigue regalarte lo mejor de sí mismo.
No quieras intervenir en este momento, déjale que se entregue,
y agradécele lo que te está ofreciendo de la misma forma que él.
Mantén tu asiento relajado,tus manos tranquilas, la mirada en el horizonte.
Y él se sentirá orgulloso, se sentirá poderoso de haber conquistado tu corazón."








1 comentarios:

Gloria Angelica dijo...

cuando un hombre como tu escribe de manera tan linda, deja ver lo hermoso de su interior.

te quiero mucho aunque me compares con las demas personas