viernes, 25 de mayo de 2012

Otro


Por: Ricardo Silva Romero www.ricardosilvaromero.com El Tiempo, Mayo 24 de 2.012



Sucede después de las horas en la nerviosa madrugada de Barranquilla. El tal Eduardo Merlano hace aquella nefasta pregunta -con acentos de amenaza- que suele escapárseles a las empobrecidas celebridades del país: Merlano le pregunta "¿usted no sabe quién soy yo?", entre la indignación, la ignorancia y la insolencia de rigor, a uno de los patrulleros que lo han detenido a la orilla de la calle para hacerle la misma prueba de alcoholemia que les hacen a todos los conductores que pasan por ahí. Y como la respuesta nunca llega, como a ninguno de los policías se les ocurre contestarle "sí señor: usted es un hombre temible", emprende un monólogo mediocre en el que repite y repite "yo soy un senador de la república" como si fuera algo bueno. Qué colombiano. Qué triste. 
Pero el pobre Merlano no tiene la culpa. Merlano les reclama a los agentes su sagrado derecho a incumplir la ley, con las pocas palabras que le vienen a la cabeza, porque lo ha dado por sentado desde que tiene memoria. Colombia vive en deuda con sus victimarios, Colombia frustra incluso a sus villanos: la rabiosa queja "¿usted no sabe quién soy yo?", que viaja de generación en generación como un título nobiliario, trae adentro respuestas tan patéticas como "yo soy el hijo del hijo de un viejo que estuvo a punto de ser presidente", tan trágicas como "yo soy el cantante de los ochenta que alguna vez salió en El show de Jimmy" y tan perturbadoras como "yo soy el puntero izquierdo que hizo un gol en la semifinal del 87", pero el cándido ciudadano Merlano, C. C. 95.527.310, la repite como si él la hubiera descubierto. 
Construir el Capitolio Nacional tomó más de 78 años: la fábrica de normas fue levantada, entre las guerras, las mezquindades y los desmanes de rigor, de 1848 a 1926. Y sin embargo bastó sólo un día de comienzos de los ochenta -fue entonces cuando comenzó la decadencia de la decadencia- para que se la tomara del todo una confabulación de mediocres.
Una marcha de políticos improvisados que gritan "¿usted no sabe quién soy yo?" mientras doblegan a sus propios electores y a sus propios jueces a punta de leyes contrahechas que nadie conoce.
El senador Merlano es sólo uno de ellos. Su padre, un excongresista sucreño condenado a ocho años de cárcel por dedicarles sus ratos libres a los paramilitares de la región, le heredó los 37.195 votos con los que fue elegido hace dos años. Y desde entonces camina por los pasillos del parlamento como un fantasma que no propone ni debate. Ninguno de sus diez asistentes ha podido corregirle la redacción de los textos que a veces lee en aquellos salones. Fue empresario, ganadero, diputado de Sucre. Prometió rejuvenecer la política que su propia familia avejentó en apenas un par de décadas. Su ideología no existe: pertenece -cómo no- al partido de 'la U'. Es un hombre en blanco que cumple 36.
Podría haber sido por siempre lo que era: otro anónimo "padre de la patria" que mira a Colombia de reojo. Pero un par de patrulleros acaban de detenerlo en la terca madrugada de Barranquilla. Y acto seguido, sin pase y muerto de miedo porque él no es él sin sus escoltas, ha declarado en su propio idioma que hacerle una prueba de alcoholemia a un hacedor de leyes es una falta de respeto. Pronto se convertirá en lo que sabemos: el senador que no está capacitado para entender por qué tiene que dar explicaciones, el chivo expiatorio de una arrogante casta de protagonistas enseñada a hacer lo que le venga en gana desde el principio de los tiempos, el representante legal de una sociedad inverosímil que no tiene claro por qué obrar mal es obrar mal. 
Pero a esa hora de ese domingo es un tipo lleno de sí mismo -otro- que no siente culpa ni vergüenza porque eso aquí no se usa.



Una marcha de políticos improvisados que gritan: "¿usted no sabe quién soy yo?". El senador Merlano es sólo uno de ellos.
Los invito a seguir en Twitter a @renunciesenador, ya somos mas de 60.000 los colombianos indignados con el comportamiento de este filipichín.


jueves, 17 de mayo de 2012

no salgo del asombro



De pensar que las acusaciones que la Fiscalía General de la Nación le hace a Sigifredo López puedan llegar a ser ciertas. Hoy ha sido noticia de resonancia nacional y motivo de gran sorpresa ante la opinión pública la imputación de los delitos de toma de rehenes, perfidia, homicidio agravado y rebelión, pues supuestamente, de acuerdo con las pruebas recaudadas por el ente acusador, Sigifredo habría participado activamente en el secuestro de los 12 diputados del Valle del Cauca realizado por las FARC el 11 de abril de 2.002 y asesinados de manera atroz cinco años después cuando el Ejército Nacional intentó un rescate armado.


Si bien es cierto nuestra Constitución Política consagra el principio de presunción de inocencia, según el cual Sigifredo es inocente hasta que se demuestre lo contrario, la sola acusación y los indicios que empiezan a tejerse sobre la base de un video que está en manos de la fiscalía en el que el ex-diputado instruye a los guerrilleros encargados de realizar el secuestro, para explicarles como entrar al edificio de la Asamblea Departamental del Valle, es por sí solo un fenómeno de dimensiones monumentales. 


Recuerdo ahora al escritor portugués y premio nobel de literatura José Saramago, quien como yo, se enterneció hasta las lágrimas cuando el ex-diputado se encontró con su hijos después de siete años de cautiverio como único sobreviviente de los 12 diputados secuestrados. Saramago dijo además que toda su vida y su obra quedaba justificada en la cita que Sigifredo hizo de su libro al comparar a Piedad Córdoba con la esposa de "El médico" en el libro Ensayo sobre la ceguera.

Pues bien, según las pruebas documentales y testimoniales recaudadas, hoy en poder de la fiscalía, como único sobreviviente de la masacre de los asambleístas vallecaucanos ocurrida el 18 de junio de 2.007, Sigifredo ha estado engañando al mundo durante todo este tiempo.  

"Casi siempre, a las acciones de los malvados las persigue primeramente la sospecha, luego el rumor y la voz pública, la acusación después y, finalmente, la justicia
(Cicerón)



jueves, 10 de mayo de 2012

Apuntes sobre el Proyecto de Acuerdo Guacarí en Marcha "Gobierno Transparente y Eficiente" Entrega 1



Gracias a un honorable concejal de la localidad, tuve acceso al proyecto de acuerdo Guacarí en Marcha "Gobierno Transparente y Eficiente" presentado por el alcalde municipal, y a través del cual se pretende adoptar el Plan de Desarrollo Económico y Social para el período 2.012 - 2.015. 

Al respecto, he decidido hacer algunos comentarios dirigidos especialmente a los 13 honorables concejales del municipio, pero también a todos los ciudadanos guacariceños, con el objetivo de contribuir a un debate propositivo y constructivo en torno a la discusión de uno de los instrumentos de programación y de gestión más importantes para el municipio, que se convertirá, si algo extraordinario no ocurre, en la carta de navegación o guía orientadora de las acciones del gobierno local y de los habitantes del municipio.

Sea lo primero advertir y resaltar la metodología democrática y participativa utilizada para la formulación del Plan de Desarrollo, que permitió a todos los ciudadanos intervenir en el proceso de elaboración del diagnóstico, en la identificación de necesidades a través de la técnica participativa del árbol de problemas, y en la posterior formulación del plan. Aunque según mi modesto criterio, las jornadas de trabajo en las mesas no tuvieron la suficiente intensidad y profundidad para lograr una participación efectiva de quienes asistieron a las jornadas y la utilización de los medios virtuales (correos electrónicos, página web institucional y redes sociales) como la posibilidad de establecer canales de comunicación entre la comunidad y la administración para brindar información en forma continua en torno al avance del proceso de formulación del plan, fue deficiente.


En esta entrega, me referiré al componente de Salud Pública y de manera específica a la información contenida en el documento diagnóstico, así como también a los programas y proyectos formulados en el Plan.


Primeramente, el documento diagnóstico intenta hacer una aproximación estadística a la realidad del sector salud, utilizando para ello información correspondiente  los años 2.005 y 2.007, es decir, se acude a información envejecida de hace más de 4 años para tomar decisiones relativas a la formulación de una política de salud pública para el período 2.012 - 2.015.


Esta situación evidencia una debilidad en la construcción de línea de base, pues no es procedente ni conveniente adoptar como insumo para la toma de decisiones, datos tan antiguos. El comportamiento de la morbilidad y la mortalidad en el municipio ha cambiado ostensiblemente en los últimos años; es bien sabido por ejemplo, en términos de la variación en la mortalidad, que durante el segundo semestre del año 2.011 el municipio de Guacarí experimentó una ola de violencia derivada el enfrentamiento entre bandas de microtráfico, lo que se derivó en un incremento significativo en la tasa de homicidios. Esta situación no solo debe ser registrada sino también tenida en cuenta al momento de formular una política de salud pública pertinente y contextualizada. 


Sucede igual con la información relativa a las principales causas de morbilidad entre la población guacariceña, pues no se consignan en el documento diagnóstico, datos recientes en torno a las cifras que evidencien la prevalencia de las enfermedades crónicas y degenerativas no transmisibles tales como los diferentes tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, disfunción renal, diabetes mellitus entre otras.


Dada la importancia de contar con información veraz y reciente en torno a uno de los principales componentes de la política pública en cualquier sociedad, cual es la salud, surgen algunas preguntas que deben ser respondidas en el marco del debate al proyecto de acuerdo por medio del cual se adopta el Plan de Desarrollo Económico y Social del Municipio de Guacarí.


¿Cual es el verdadero comportamiento de la morbilidad en el municipio en lo que tiene que ver con las enfermedades infecto-contagiosas y de transmisión sexual?


¿Cual es el comportamiento de las enfermedades de notificación obligatoria según el Sistema de Vigilancia en Salud Pública SIVIGILA? 


¿Qué ha pasado en los últimos 4 años con las enfermedades inmuno-prevenibles (parálisis flacida, sarampión, rubeola, tuberculosis, meningitis, etc.) y en general con la morbilidad de los menores de 5 años?


En cuanto al problema identificado en la mesa de salud pública, sus causas y consecuencias, las apreciaciones obtenidas de la comunidad son acertadas. Una de las causas identificadas resalta por ejemplo el poco uso de análisis estadístico para la evaluación del comportamiento epidemiológico del municipio, situación que pone en evidencia la dificultad latente a la hora de tomar decisiones para la formulación de una política de salud pública que responda verdaderamente a las necesidades locales, pues cada impresión de la comunidad debe estar respaldada por cifras que la sustenten. 


Para sortear tamaña dificultad, sugiero respetuosamente a la administración local y al honorable concejo municipal, acudir al departamento de estadística de la Empresa Social del Estado Hospital San Roque, sobre la cual reposa una gran responsabilidad en términos de la recopilación de información estadística, por ser esta la única IPS de naturaleza pública del municipio. 


En el sistema de información del Hospital San Roque, reposa toda la información oficial necesaria para ese análisis estadístico mas preciso y actualizado del que carece el documento diagnóstico para la formulación del Plan de Desarrollo Municipal.


El sector salud está contenido en el artículo 18 del proyecto de acuerdo presentado al honorable concejo municipal, bajo el nombre "salud para todos", y contiene cinco lineas estratégicas a través e las cuales el municipio logrará Promover estilos de vida adecuados a favor de mejores condiciones de salud para los habitantes del municipio. Dichas metas se cumplirán en la medida en que desde la Dirección Local de Salud se formulen y ejecuten los proyectos que atiendan las necesidades y sepan traducir a un lenguaje más ejecutivo y operativo las ambiciosas metas del Plan de Desarrollo.















domingo, 6 de mayo de 2012

Falta temporal o absoluta?




Conozca aquí el concepto emitido por la Sala de Consulta y Servicio Civil del Consejo de Estado, resolviendo la pregunta formulada por el gobierno nacional en el caso del ex gobernador del Valle Héctor Fabio Useche, sobre si el fallo de responsabilidad fiscal en su contra, constituye una falta temporal o una falta absoluta.

PARA VER Y/O DESCARGAR EL DOCUMENTO COMPLETO 

lunes, 30 de abril de 2012

Por la crisis de la educación debe responder Juan Manuel Santos

Declaración del Frente de Educadores Tribuna Magisterial, Bogotá, abril 24 de 2012.

Para los maestros colombianos y la comunidad educativa es claro que la educación pública atraviesa una profunda crisis, cuyo origen es el enorme recorte de los recursos (más de 60 billones a lo largo de 15 años), ordenado por dos reformas constitucionales, una en 2001 y otra en 2007. Esa decisión política de entrar a saco en los recursos de la educación pública trajo consigo una cascada de reformas durante los últimos diez años, que aún no cesan. Los aspectos centrales de estas reformas tienen que ver con municipalización, privatización, arrasamiento de derechos de los docentes y acondicionamiento del sistema educativo a las exigencias del mercado, en consonancia con los intereses del gran capital transnacional, plasmados en los Tratados de Libre Comercio que ya se están comenzando a implementar. 
Con una cifra cercana a las 100 entidades territoriales certificadas, la municipalización continúa su curso, ahondando las crisis de los entes locales. La entrega de recursos del Estado a particulares para que presten el servicio educativo, que con Uribe pasó del 2% del presupuesto educativo en 2002 al 12% en 2010, con Santos avanza imparable. El ataque a los derechos de los docentes, que tiene como arietes la ley 715 de 2001 y el decreto 1278 de 2002, es el pan de cada día en la educación colombiana. Se profundiza todos los días la adecuación de los contenidos educativos a la necesidad de incrementar un gran ejército de reserva de mano de obra barata, que forma parte de las necesidades de los monopolios nacionales y extranjeros, los grandes ganadores con los TLC.
El panorama educativo crítico que contemplamos hoy no puede analizarse eximiendo de responsabilidad al actual mandatario. Nadie debe olvidar que el principal artífice de la aprobación del Acto Legislativo 01 de 2001, junto con el presidente Pastrana, fue su ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, quien tuvo como coequipero al jefe de planeación de entonces, Juan Carlos Echeverry, hoy ministro de Hacienda. Los miles de maestros congregados en la Plaza de Bolívar el día en que el Congreso aprobó esa nefasta reforma, no podemos borrar de la mente la odiosa imagen desafiante de Santos haciendo la V de la victoria en un balcón del Capitolio. Tampoco podemos olvidar que fue mano derecha de Uribe, el conductor de la “Revolución Educativa” que puso en ejecución los aspectos centrales de estas reformas.
Y para avanzar aún más en esta apuesta educativa, Juan Manuel Santos ordena en su Plan de Desarrollo cercenar del sistema educativo el nivel preescolar para entregarlo en bandeja de plata, junto con los demás programas de primera infancia, a sus patrocinadores del gran capital nacional y extranjero, acabando de paso con el estatal ICBF y sepultando a las madres comunitarias. La “alianza público-privada” que significa entregar a los monopolios privados los recursos del Estado, saqueando los bolsillos de los contribuyentes, forma parte de la política de “prosperidad”, esa que conseguirán los integrantes de sus círculos más allegados, mientras el grueso de la población aprieta cada día más el cinturón y ve avanzar sin pausa la miseria y la degradación. Nada más cercano a la política de la “prosperidad” del gran capital que una ministra que viene de presidir por largos años la agremiación de las principales empresas asentadas en la capital, la Cámara de Comercio de Bogotá, y ahora puede disponer de los recursos educativos para desarrollar una nueva etapa de la “confianza inversionista”, con Tratado de Libre Comercio a bordo. Lo del preescolar es apenas una muestra de los graves atentados contra la educación pública contenidos en el Plan de Desarrollo santista. También se encuentran allí la falsa gratuidad, la eliminación de la autonomía escolar con imposición de un currículo básico, el aumento de la jornada escolar y el acoso laboral a los docentes.
No debemos entonces los maestros despistarnos y desviar el blanco de ataque pensando que la crisis es obra de la ministra Campo y su malévolo equipo ministerial, o que las vicisitudes financieras del Fondo de Prestaciones del Magisterio que incumple sus obligaciones en lo relativo a pensiones, cesantías y salud, se originan en la incapacidad o en los presuntos malos manejos de su administrador. Todos ellos son ejecutores conscientes de una política que viene diseñada desde arriba, desde la Casa de Nariño, y es completamente acorde con los lineamientos trazados desde más arriba, desde la Casa Blanca y las oficinas del FMI, el Banco Mundial y el BID, pues Santos es al fin y al cabo el mejor pupilo que ha conseguido el imperio en los últimos años.
Teniendo claro quién es el jefe de la pandilla responsable de toda esta caótica situación, los maestros debemos saber que de la crisis solo saldremos con la resistencia a sus arbitrarias medidas, con la confrontación de su nefasta política educativa, con una erguida y airosa defensa de nuestros derechos, con un amplio frente por la defensa de la educación pública. Junto con los estudiantes universitarios, que se hermanan con nosotros en estos mismos propósitos y han dado muestras de no dejarse doblegar -pues su lucha logró derrotar al gobierno en su intento de reformar la educación superior para entregarla definitivamente a los monopolios privados-, los maestros, de la mano con la comunidad educativa, debemos volver a las gloriosas épocas que nos permitieron ganar lo que hoy nos despojan. Si la dirección sindical, en Fecode y en sus filiales, percibe que no hay condiciones subjetivas, es decir, que pese a la grave situación no hay disposición de los maestros a la pelea, deberá dedicarse a crear esas condiciones, a entusiasmar a las bases magisteriales, a convencer a los maestros que la hora es de combate para impedir que el gobierno arrase con sus derechos y con la educación pública, para conquistar el Estatuto Docente Único y para ganar, con el apoyo de la población, el Referendo Constitucional que declare la educación pública totalmente gratuita desde el preescolar hasta los niveles de posgrado en la educación superior, prestada directamente por el Estado, sin intermediarios y con la asignación de recursos suficientes, equivalentes como mínimo al 7% del PIB.

lunes, 23 de abril de 2012

De caciques y gamonales


«La trinidad siniestra» Sotero peñuela y el caciquismo en
caricatura de Roa. «Fantoches», marzo 10 de 1928.
Durante años, los colombianos han visto en gamonales y caciques personajes infaltables de la política y en particular de las elecciones. Parece que fue el mismo Bolívar quien usó la palabra "gamonal" por primera vez en 1830, hablando de algunos importantes neogranadinos que apoyaban la dictadura de Urdaneta, y sin dar al término un carácter peyorativo. La expresión "cacique", tomada de los indios americanos, se usó también sin sentido peyorativo para señalar a personas con poder o preeminencia, pero desde la segunda mitad del siglo pasado comenzó a emplearse en España para referirse a quienes, dueños de poder local, lo usaban para manipular a la población y controlar la política lugareña mediante la repartición de favores personales, contratos y beneficios de todo orden.
La descripción que hizo hacia 1866 José María Samper, nos indica ya una visión crítica de gamonales o caciques, pues los términos parecen entonces intercambiables: "La lengua española da el nombre de gamonal a un terreno que abundaba en plantas asfodilas. Pero entre nosotros se ha ampliado la idea, por una extraña analogía y tomado picarescamente el propietario por la propiedad, y se llama "gamonal" (por no decir capataz o cacique) al hombre rico de un lugar pequeño, dueño o poseedor de las tierras más valiosas, especie de señor feudal de la parroquia republicana, que influye y domina soberanamente el distrito, maneja a sus arrendatarios como a borregos, ata y desata los negocios del terruño como un San Pedro de caricatura y manda sin rival como un gallo entre sus gallinas. El gamonal es, pues, el sátrapa de la parroquía, el gallo del pueblo con todas sus consecuencias". En 1887 Rafael Uribe Uribe define al gamonal como "cacique, monitor, reyezuelo, gallito o magnate".
Para los críticos de los caciques, éstos se convirtieron en la expresión de lo que parecía llevar al fracaso las nuevas instituciones liberales y democráticas: eran los que corrompían y desvirtuaban la verdadera participación ciudadana, convirtiendo al pueblo en un rebaño pasivo que ellos apacentaban, sobre todo en asuntos electorales. Ejemplo de esto fueron personajes como "el sapo" Ramón Gómez, que controló el sistema judicial de Cundinamarca hacia 1865 para ganar elecciones ("la afamada pandilla de los sapos o sapistas, que se han apoderado del Poder Judicial en el Estado [...] ganan elecciones, consiguen los empleos que les convienen por medio de un sistema muy sencillo: buscan a los gamonales de los pueblos, les recuerdan el pleito que tienen pendiente con don M. o don H., y luego les muestran la sentencia a su favor o en su contra, según que gane o no la elección que piden", según la descripción de José María Quijano Otero).
Los caciques eran de muy diverso estilo: jefes pueblerinos o grandes caciques regionales, ricos propietarios locales o simples agentes de grandes propietarios ausentistas, explotadores de los pobres indios o protectores de la comunidad; su variedad está aún por estudiar: dueños de vidas y haciendas o simples dueños de votos. Pero si antes de 1910 la fuerza del cacique (como el general Juan Iguarán del Magdalena) estaba en la manipulación del conteo ("el que escruta, elige"), a medida que crece la participación electoral, después de que en ese año se adoptara el sufragio universal, el cacique poderoso tiene que ser capaz de movilizar gente, de generar entusiasmo e identidad de partido (a veces mediante la promoción de la confrontación violenta con el adversario), de aumentar la participación política. Y se dedobla de algún modo en el simple agente político, el manzanillo, retratado en dos comedias de Luis Enrique Osorio de 1943 y 1944. Si antes la ambigüedad de su función era cierta, ahora es aún más fuerte: ¿Es un simple deformador de una hipotética voluntad de pueblo, y con ello un enemigo de la verdadera democracia, o el agente de la transición a un sistema participativo, en una país en el que los electores no saben leer y tienen una información política muy limitada, y en el que los escasos recursos locales y regionales hacen inevitable tener intermediarios con el gobierno nacional?
Mientras los grandes caudillos --desde José María Obando a Uribe Uribe, Laureano Gómez o Jorge Eliécer Gaitán-- seducen con su imagen y su palabra, los caciques organizan a los electores, gestionan obras, obtienen recursos externos para las regiones y promueven ideas y gestos de participación popular. Pero, al mismo tiempo, reparten los cargos públicos locales, asignan los arrendamientos del cobro de impuestos, manejan las rentas. Si seguimos el que es todavía el único análisis histórico del caciquismo ("Algunas notas sobre la historia del caciquismo en Colombia", de Malcolm Deas), los años dorados del gamonalismo fueron los años veinte, algunos de cuyos rasgos dibujó Darío Achury en 1934 en su obra Ultimos caciques boyacenses. Pero en las décadas siguientes, los grandes caudillos, oligarcas o populares, nunca despreciaron el poder y la ayuda de los organizadores locales, de los caciques de pueblo o de departamento que, transformados y convertidos en grandes electores regionales, siguen haciendo parte central de los mecanismos políticos del país.
Titulo: Caciques y gamonales
Edición original: 2005-06-22
Edición en la biblioteca virtual: 2005-06-22
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: Jorge Orlando Melo González 

viernes, 10 de diciembre de 2010

lunes, 6 de diciembre de 2010

Felis catus


Nada forja más lealtad y gratitud en un gato que las caricias y la leche tibia. Así conocí a Boa, un gato merodeador del vecindario. Para él, el día resulta chocante aunque un poco quimérico, pero la noche le pertenece; sus pupilas se dilatan para apreciar mejor el entorno, sus sentidos se convierten en penetrantes sondas que todo lo divisan. En la oscuridad de la noche ya no hay tantos de esos primates de piel lisa que vienen y van como sin rumbo montados en sus escandalosos velocípedos y fingiendo estados de ánimo que no les sientan, también fingen sonrisas con acendrada desfachatez, pero entre ellos no lo advierten; creen que conviven, pero no se dan cuenta que han dejado de vivir y apenas están aprendiendo a sobrevivir con lo poco que les queda y sin lo mucho que ya han tomado de esta tierra. Los monos bípedos y de piel desnuda abandonan la escena un poco después de sus estúpidas oraciones a una deidad que hace rato abandonó este lugar, pero los perros permanecen. A Boa le parece que nunca duermen, no distinguen el día de la noche porque ven en blanco y negro. Boa nunca ha entendido la rivalidad sempiterna que ha marcado la relación de los perros con los de su especie, cree que esta hostilidad fue mal repartida porque perros y gatos no compiten por nada: los perros comen sobras y carne putrefacta, los gatos de la calle cazan insectos, pequeños roedores y lagartijas nocturnas, los perros se recrean o se enervan persiguiendo a los velocípedos de los monos de piel lisa y lampiña, los gatos les temen; los perros son fieles y fervientes adeptos de sus amos, los gatos son desconfiados y solo toman lo que necesitan sin comprometerse sentimentalmente, no tienen susceptibilidad y el escrúpulo solo lo usan a la hora del baño; los perros no se separan nunca del suelo abyecto, los gatos prefieren los tejados; De esta manera, aunque son escasos los eventos en los que un canis familiaris y un felis catus establecen contacto visual, el hecho casi siempre termina con gato que huye o una nariz de perro que sangra y se infecta.






domingo, 26 de septiembre de 2010

Elegía a "Desquite"

Estimados seguidores:

Con ocasión de la muerte del Mono Jojoy, les comparto este texto de Gonzálo Arango. Me llegó de parte de una compañera muy querida de la Universidad, Mónica Alejandra Parra Fajardo, a quien agradezco infinitamente por haberme puesto al frente de esta reflexión. Cuando leí este texto, recordé a nuestro ministro de defensa nacional, el doctor Rodrigo Rivera, lamentando cinicamente ante los medios la muerte de una perra de nombre Sacha, resaltando que era el unico miembro de las FFMM que había muerto durante la operación "Sodoma"; todo esto mientras celebraba lleno de júbilo y con cinismo redoblado la muerte de un ser humano...





Elegía a "Desquite"


¿Estoy contento de que lo hayan matado? Sí. Y también estoy muy triste. (...) Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.


Gonzalo Arango (1966)


Sí, nada más que una rosa, pero de sangre. Y bien roja como a él le gustaba: roja, liberal y asesina. Porque él era un malhechor, un poeta de la muerte. Hacía del crimen una de las más bellas artes. Mataba, se desquitaba, lo mataron. Se llamaba “Desquite”. De tanto huir había olvidado su verdadero nombre. O de tanto matar había terminado por odiarlo.
Lo mataron porque era un bandido y tenía que morir. Merecía morir sin duda, pero no más que los bandidos del poder.
Al ver en los diarios su cadáver acribillado, uno descubría en su rostro cierta decencia, una autenticidad, la del perfecto bandido: flaco, nervioso, alucinado, un místico del terror. O sea, la dignidad de un bandolero que no quería ser sino eso: bandolero. Pero lo era con toda el alma, con toda la ferocidad de su alma enigmática, de su satanismo devastador.
Con un ideal, esa fuerza tenebrosa invertida en el crimen, se habría podido encarnar en un líder al estilo Bolívar, Zapata, o Fidel Castro.
Sin ningún ideal, no pudo ser sino un asesino que mataba por matar. Pero este bandido tenía cara de no serlo. Quiero decir, había un hálito de pulcritud en su cadáver, de limpieza. No dudo que tal vez bajo otro cielo que no fuera el siniestro ciclo de su patria, este bandolero habría podido ser un misionero, o un auténtico revolucionario.
Siempre me pareció trágico el destino de ciertos hombres que equivocaron su camino, que perdieron la posibilidad de dirigir la Historia, o su propio Destino.
“Desquite” era uno de esos: era uno de los colombianos que más valía: 160 mil pesos. Otros no se venden tan caro, se entregan por un voto. “Desquite” no se vendió. Lo que valía lo pagaron después de muerto, al delator. Esa fiera no cabía en ninguna jaula. Su odio era irracional, ateo, fiero, y como una fiera tenía que morir: acorralado.
Aún después de muerto, los soldados temieron acercársele por miedo a su fantasma. Su leyenda roja lo había hecho temible, invencible.
No me interesa la versión que de este hombre dieron los comandos militares. Lo que me interesa de él es la imagen que hay detrás del espejo, la que yacía oculta en el fondo oscuro y enigmático de su biología.
¿Quién era en verdad?
Su filosofía, por llamarla así, eran la violencia y la muerte. Me habría gustado preguntarle en qué escuela se la enseñaron. El habría dicho: Yo no tuve escuela, la aprendí en la violencia, a los 17 años. Allá hice mis primeras letras, mejor dicho, mis primeras armas.
Con razón... Se había hecho guerrillero siendo casi un niño. No para matar sino para que no lo mataran, para defender su derecho a vivir, que, en su tiempo, era la única causa que quedaba por defender en Colombia: la vida.
En adelante, este hombre, o mejor, este niño, no tendrá más ley que el asesinato. Su patria, su gobierno, lo despojan, lo vuelven asesino, le dan una sicología de asesino. Seguirá matando hasta el fin porque es lo único que sabe: matar para vivir (no vivir para matar). Sólo le enseñaron esta lección amarga y mortal, y la hará una filosofía aplicable a todos los actos de su existencia. El terror ha devenido su naturaleza, y todos sabemos que no es fácil luchar contra el Destino. El crimen fue su conocimiento, en adelante sólo podrá pensar en términos de sangre.
Yo, un poeta, en las mismas circunstancias de opresión, miseria, miedo y persecución, también habría sido bandolero. Creo que hoy me llamaría “General Exterminio”.
Por eso le hago esta elegía a “Desquite”, porque con las mismas posibilidades que yo tuve, él se habría podido llamar Gonzalo Arango, y ser un poeta con la dignidad que confiere Rimbaud a la poesía: la mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. Pero la vida es a veces asesina.
¿Estoy contento de que lo hayan matado?
Sí.
Y también estoy muy triste.
Porque vivió la vida que no merecía, porque vivió muriendo, errante y aterrado, despreciándolo todo y despreciándose a sí mismo, pues no hay crimen más grande que el desprecio a uno mismo.
Dentro de su extraña y delictiva filosofía, este hombre no reconocía más culpa, ni más remordimiento que el de dejarse matar por su enemigo: toda la sociedad.
¿Tendrá alguna relación con él aquello de que la libertad es el terror?
Un poco sí. Pero, ¿era culpable realmente? Sí, porque era libre de elegir el asesinato y lo eligió. Pero también era inocente en la medida en que el asesinato lo eligió a él.
Por eso, en uno de los ocho agujeros que abalearon el cuerpo del bandido, deposito mi rosa de sangre. Uno de esos disparos mató a un inocente que no tuvo la posibilidad de serlo. Los otros siete mataron al asesino que fue.
¿Qué le dirá a Dios este bandido?
Nada que Dios no sepa: que los hombres no matan porque nacieron asesinos, sino que son asesinos porque la sociedad en que nacieron les negó el derecho a ser hombres.
Menos mal que Desquite no irá al Infierno, pues él ya pagó sus culpas en el infierno sin esperanzas de su patria.
Pero tampoco irá al Cielo porque su ideal de salvación fue inhumano, y descargó sus odios eligiendo las víctimas entre inocentes.
Entonces, ¿adónde irá Desquite?
Pues a la tierra que manchó con su sangre y la de sus víctimas. La tierra, que no es vengativa, lo cubrirá de cieno, silencio y olvido.
Los campesinos y los pájaros podrán ahora dormir sin zozobra. El hombre que erraba por las montañas como un condenado, ya no existe.
Los soldados que lo mataron en cumplimiento del deber le capturaron su arma en cuya culata se leía una inscripción grabada con filo de puñal. Sólo decía: “Esta es mi vida”.
Nunca la vida fue tan mortal para un hombre.
Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?
Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.



Fuente:Arango, Gonzalo. “Elegía a ‘Desquite’”. Obra negra. Santa Fe de Bogotá, Plaza & Janés, primera edición en Colombia, abril de 1993, p.p.: 42 - 44. Publicado en Prosas para leer en la silla eléctrica (crónicas, ensayos, artículos), Bogotá, Editorial Iqueima, 1966.

miércoles, 28 de julio de 2010

Camino


martes, 20 de abril de 2010

Lo que Colombia merece

Escrito por:
Oscar Hernández Salgar, Músico y Administrador Cultural. Magíster en Estudios Culturales. Director del Departamento de Música de la Universidad Javeriana

Ante la descarada omisión que los medios están haciendo de las propuestas programáticas de los candidatos presidenciales, cada vez es más necesario que los ciudadanos nos tomemos el trabajo de utilizar los medios a nuestro alcance para llevar la discusión a niveles más profundos. El debate de la semana pasada mostró un alto grado de trivialización del escenario político. Los medios están contribuyendo a menospreciar la capacidad de comprensión del colombiano promedio y sólo hacen ecos de programas de gobierno que se resuman en dos o tres palabras. Cuando alguien expone un concepto que va más allá de las consignas obvias, dicen que es confuso y que no tiene claridad.
Por eso es importante mostrar las propuestas de la forma más clara posible y tomarse el espacio necesario para destruir los mitos que se han ido creando alrededor de figuras como Mockus, a quien como no le pueden achacar ninguna relación con intereses oscuros (como a otros candidatos), le han terminado endilgando una pretendida debilidad de carácter acompañada de confusión de criterios.

Vamos por partes.

Juan Manuel Santos, que quiere mostrarse como el sucesor de Uribe, exhibe la bandera de la mano dura basado en su gestión como Ministro de Defensa. Desde esa posición elabora un discurso parecido al que impuso George Bush sobre el terrorismo hace ya varios años: “quien no está conmigo está contra mí”. La versión reeditada para la campaña es: “quien no usa un lenguaje agresivo exclusivamente dirigido a las farc, es un blandengue que se va a doblegar ante las exigencias del terrorismo”. Además de convertir a la seguridad democrática en una marca registrada, cuando se supone que es un deber de cualquier gobierno civilizado, esto conlleva el supuesto de que si alguien señala la necesidad de acabar con otras fuentes de violencia (violencia doméstica o corrupción, por ejemplo), es porque se está haciendo el de la vista gorda ante el terrorismo de las farc y va a echar al piso la seguridad democrática. Estos razonamientos son simplemente inaceptables, pero terminan siendo parte del sentido común de la mayoría de la población porque han venido siendo presentados en los medios con la misma persistencia irracional de cualquier emisora que quiere “pegar” una canción. Uribe se ha encargado durante los últimos ocho años de dejar muy en claro que en este país el terrorismo se llama la’far’ y que todos los males son culpa del terrorismo. A cualquier persona sensata esto le parecería una simplificación excesiva de la realidad compleja de un país como Colombia, pero la aceptación que tienen estas tesis es una evidencia de que la gente no quiere enredarse y busca cosas simples.
La postura de Mockus es mucho más coherente y pertinente, pero no por eso es menos clara o menos sencilla. Lo que pasa es que en el estado actual de cosas, dicha propuesta requiere de una pequeña explicación para ser entendida (explicación que no tiene cabida en nuestros debates estilo reinado de Cartagena).

Aquí va la explicación.

El narcotráfico ha potenciado en Colombia una cultura en la que es justificable salirse de la ley (por ejemplo usando la violencia) para adquirir poder. Esa cultura es algo que tienen en común, por citar unos ejemplos, los guerrilleros de las farc, los rastrojos, los políticos del PIN, y algunos niños que desde las comunas de Medellín aspiran a ser otro Pablo Escobar, otro Chupeta, otro Don Berna. Pero la cultura del narcotráfico no se ha limitado a los círculos cercanos de los narcotraficantes. La cultura mafiosa ha terminado haciendo cada vez más débiles los límites morales, legales y culturales de grandes sectores de la población. A muchos no les parece grave evadir uno que otro impuesto de vez en cuando, o saltarse la letra pequeña cada cierto tiempo - “¡Pero si yo no le hago daño a nadie. El estado no siente!”-. Estamos más acostumbrados que otras sociedades a darnos permisos, a forzar los límites y a usar atajos para “facilitar las cosas”. No es que todo esto sea un fruto del narcotráfico, pero nadie puede desconocer que el narcotráfico ha logrado sacar lo peor de muchos colombianos. Y una de esas peores cosas es la cultura de la trampa y el atajo. Así, en la propuesta de Mockus se pueden identificar dos premisas esenciales.

En primer lugar, el país tiene un problema cultural que no se puede achacar a un solo actor de forma exclusiva. Para ponerlo en otros términos, la seguridad democrática sería como la medicina alopática o convencional que ataca los síntomas (la’ far’) sin preocuparse por las relaciones sistémicas que hay detrás de esos síntomas. La propuesta de Mockus sería en cambio como la de la medicina bioenergética: tratar el sistema para que desaparezcan los síntomas. Intervenir directamente la cultura y crear un cambio de mentalidad para que no sea aceptable, bajo ninguna circunstancia, la violación de algunos principios básicos, como el respeto a la vida y el respeto a los recursos públicos. A esto se refiere Mockus cuando propone crear tabúes de manera que robar o matar sea igual de feo que pegarle a la mamá.

En segundo lugar, y yendo más adentro en la naturaleza del problema, tenemos un tremendo divorcio entre la cultura, la ley y la moral. ¿qué quiere decir eso? Quiere decir sencillamente que lo legal nos parece jartísimo, lo que nos atrae y nos entusiasma suele ser ilegal y el hecho de saltarnos la ley no nos provoca remordimientos. Así de sencillo. Por eso es frecuente oír por ahí que tenemos una legislación para un país como Suecia. Nosotros mismos no aceptamos que una legislación progresista sea para Colombia porque reconocemos que nuestra cultura menosprecia el valor de la ley. Y lo más grave: no nos importa. Porque, como en todo estereotipo, esto tiene un lado bueno que es el famoso mito de la malicia indígena. Los colombianos nos las damos de vivos, de maliciosos, de astutos, y nos burlamos de los canadienses, los gringos y los austríacos porque nos parecen excesivamente ñoños. No hay que ser demasiado vivo para darse cuenta que es esa misma viveza la que nos lleva a pasar por encima de la ley sin que se nos mueva un pelo. Y es esa cultura de la trampa (la malicia indígena no es más que un eufemismo), la que ha sido alimentada por la ambición que trae el narcotráfico y que nos tiene metidos en una espiral de violencia que lleva más de medio siglo.

Ahora bien, ¿cómo se crea un cambio de mentalidad tan grande como para cerrar la brecha entre nuestra cultura y nuestra ley? Lo más interesante es que Mockus es precisamente el único dirigente político en el país que ha logrado cambios de este tipo desde una posición de gobierno. Voy a mencionar dos ejemplos muy sencillos: En la década de los ochenta era imposible ver a alguien en Bogotá manejando con cinturón de seguridad. Al finalizar la primera alcaldía de Mockus todo el mundo había desarrollado el instinto de ponerse el cinturón antes de arrancar. De igual manera, a principios de los noventa los peatones debían cruzar la calle entre los carros porque no existían cebras y mucho menos existía la conciencia de respetarlas. Hoy en día el conductor que queda atravesado en una cebra por un cambio de semáforo siente inmediatamente la presión de estar haciendo algo mal. Estos cambios no se lograron únicamente con mimos o con tarjetas rojas. Pero tampoco se debieron exclusivamente a las multas. Estos cambios se dieron gracias a la combinación de diferentes elementos. ¿Cuáles elementos? Pues precisamente los que permiten acercar la ley a la cultura y éstas dos a la moral. La multa funciona como una sanción legal, pero si no va acompañada de una presión social, el multado termina buscando la forma de evadirla y no llega a sentir culpa. El mimo funciona como el símbolo de una sanción social, pero si no va acompañado de una multa, no genera la fuerza suficiente para convertir el comportamiento en hábito. Por eso la estrategia se puede resumir así: combinar presiones legales con presiones sociales, en la misma dirección, para producir remordimientos y culpas por los actos ilegales. Por esa vía se lograron cambios importantes y duraderos en Bogotá que hoy a muchos nos siguen enorgulleciendo.



La pregunta es: ¿puede usarse el mismo razonamiento para resolver los problemas de Colombia? La apuesta es que sí se puede. De hecho es una apuesta que apunta a una mano dura, más dura que la del uribismo más recalcitrante. Por una sencilla razón: la mano dura de Uribe-Santos está dirigida a erradicar militarmente a la’far’. La mano dura de Mockus en cambio está dirigida a atacar jurídica, social y militarmente cualquier tipo de ilegalidad. Y sabemos que la tolerancia a la ilegalidad está detrás de todos los problemas del país. Desde la corrupción hasta el desempleo pasando por la crisis de la salud y el narcotráfico. El enemigo no es la izquierda o la derecha. El enemigo no es el que piensa distinto o el que se niega a darme la razón. El enemigo es la ilegalidad, en todas sus formas. Necesitamos que Colombia sea un país legal

No es fácil, pero se puede. Se necesita una revolución cultural. Y para esta revolución se necesita un mandato claro. Por eso es importante que Mockus gane no raspando, sino con muchos, muchos votos. No estamos pensando en ganar la campaña, sino en emprender la tarea gigantesca de cambiar a Colombia para convertirla en un mejor país. Si estas ideas le parecen convincentes, por favor vote por Mockus el 30 de mayo. Si le sigue pareciendo muy complicado y necesita algo más simple, puede seguir siendo uribista o mamerto. Pero no diga que no se lo advertimos.

martes, 13 de abril de 2010

La lección de Mockus



Artículo publicado por el periodista Diego A. Torres en la sección de opinión del diario El Tiempo el martes 13 de abril de 2.010.

Los buenos profesores siempre tienen algo que enseñar, y eso acaba de hacer Antanas Mockus Civickas con la elección de Sergio Fajardo (ex alcalde de Medellín) como fórmula vice-presidencial. De esta forma, y contra los pronósticos iniciales, la increíble carrera por la presidencia de Colombia podría definirse, y sin necesidad de una segunda vuelta, a favor del ex alcalde de Bogotá y ex rector universitario Antanas Mockus.

Dos temas preocupan al electorado colombiano: el primero, el manejo de la política de seguridad del Estado, llamada Política de Seguridad Democrática en el gobierno de Uribe, un programa altamente exitoso para el gobierno saliente, hasta el punto de que no hay duda de que el nuevo gobierno deberá continuar y complementar este programa. El segundo, el complejo tema social colombiano, el cual incluye la disminución de los altos índices de desempleo, superiores al 10 por ciento, y que constituye el mayor fracaso para el gobierno de Uribe, además del desplazamiento interno, y las enormes brechas sociales y económicas de la población colombiana.


El profesor Mockus representa, para diversas clases de electores, una opción viable para atacar estos dos problemas, conciliando posturas ideológicas tanto de seguidores como de opositores del presente gobierno. Juan Manuel Santos, quien hasta ahora lideraba cómodamente las encuestas de opinión, es visto como la continuación del mandato de Uribe, tanto en el mantenimiento de la política de seguridad democrática como en su manejo del tema social. Lo anterior, unido a su inexperiencia electoral y a su imagen asociada a la oligarquía colombiana, le esta costando día por día preciosos puntos en las encuestas, y posiblemente, votos el día de las elecciones. Los votos de Santos son una herencia del gobierno de Álvaro Uribe, mientras que los votos de Mockus han sido ganados gracias a una acertada y muy original campaña política.

La campaña de Mockus presenta una nueva y dinámica forma de hacer política en Colombia y el mundo. El uso de redes sociales con el apoyo seguidores comprometidos que no esperan cuotas burocráticas a cambio, la austeridad en los gastos de campaña (el Partido Verde se ha dado el lujo de rechazar parte de la reposición económica otorgada por el Estado a los partidos políticos en relación con los votos obtenidos en las pasadas elecciones legislativas), la alianza de los ex alcaldes de Bogotá y Medellín para la conformación del Partido Verde, la imagen de honestidad a toda prueba, el mostrar que los intelectuales universitarios sí sirven para gobernar (ejemplo único en la moderna geopolítica); y lo mas importante, la construcción de un plan de gobierno que busca propuestas novedosas para los males que aquejan a la sociedad colombiana, hacen de la campaña del profesor Mockus un ejemplo que va a ser seguido con detenimiento en Colombia y en el mundo a lo largo de las próximas semanas.

Juan Manuel Santos tiene mucho que aprender del profesor Mockus. Para comenzar, debe reconocer las fortalezas de su contrincante, desligarse de la imagen de Uribe, haciendo propuestas claras para combatir el problema del desempleo y la corrupción estatal; debe hacer más uso de las redes sociales e integrar a jóvenes de diversos estratos sociales a su campaña.

El elector colombiano no es el mismo de hace una década y le preocupa el clientelismo, una lección que los partidos tradicionales no han entendido. Los colombianos están ávidos de escuchar las propuestas de los candidatos, estas propuestas van a definir la presidencia de Colombia. La inexperiencia electoral de Santos lo obliga a tomar uno de dos caminos posibles: continuar con su campaña centrada en la continuidad de las políticas del gobierno Uribe, y esperar a que los fieles seguidores del Presidente voten por él sin preocuparse por sus propuestas, además de continuar con prácticas como el reclutamiento de líderes políticos de otros partidos. O tomar la lección del profesor Mockus, y dirigir su campaña a convencer directamente a los electores, quienes son en últimas los verdaderos beneficiados de los resultados electorales.

jueves, 7 de enero de 2010

Te mando flores



Te mando flores que recojo en el camino
Yo te las mando entre mis sueños
Porque no puedo hablar contigo
Y te mando besos en mis canciones
Y por las noches cuando duermo
Se juntan nuestros corazones.

Te vuelves a ir
Y si de noche hay luna llena
Si siento frío en la mañana
Tu recuerdo me calienta
Y tu sonrisa cuando despiertas
Mi niña linda yo te juro
Que cada día te veo más cerca.

Y entre mis sueños dormido
Trato yo de hablar contigo y sentirte cerca de mí
Quiero tenerte en mis brazos
Poder salir y abrazarte y nunca más dejarte ir.

Coro:
Quiero encontrarte en mis sueños
Que me levantes a besos
Ningún lugar está lejos para encontrarnos los dos
Déjame darte la mano
Para tenerte a mi lado
Mi niña yo te prometo que seré siempre tu amor
No te vayas por favor.

Te mando flores que recojo en el camino
Yo te las mando entre mis sueños
Porque no puedo hablar contigo
Y voy preparando diez mil palabras
Pa' convencerte que a mi lado
Todo será como soñamos.

Y entre mis sueños dormido
Trato yo de hablar contigo y sentirte cerca de mí
Quiero tenerte en mis brazos
Poder salir y abrazarte y nunca más dejarte ir.

(Coro)

Te mando flores pa' que adornes tu casa
Que las más rojas estén siempre a la entrada
Cada mañana que no les falte agua
Bien tempranito levantate a regarlas
A cada una puedes ponerle un nombre
Para que atiendan siempre tu llamada
Cosita linda puede ser la más gorda
La margarita que se llame Mariana
(bis 3)

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Caballo (equus caballus)

Hace varios días que quería escribir algo acerca de los caballos. No me refiero a mi suegro propiamente, aunque para el también este homenaje por su nobleza y humildad, cualidades que comparte con estos ungulados.

Las ganas de escribir acerca de los caballos surgieron espontáneamente a principios de este mes, cuando estando en el mirador de una finca ví pasar a un caballo moro montado por un parroquiano común. El momento era propicio para inspirar la mejor de las sensaciones, un atardecer largo y parsimonioso en el piedemonte de la cordillera central, un paisaje verde y picante y una carretera trillada y polvorienta. Inmediatamente pensé que no hay mayor perfección en la naturaleza que aquella que se aprecia en los movimientos de un caballo que corre por la pradera. Ni hay mayor sentido de la libertad que aquel que se experimenta cuando se galopa sobre el lomo de este noble animal. Llevaba la crin larga y suelta, como una muchacha con la cabellera libre y abundante y una túnica blanca raída. Tenía un galopar certero e infalible, parece que supiera mejor que su jinete a dónde habría de llegar esa tarde-noche.

El caballo parece un ser mítico de apriencia grandiosa y elegante, son animales especiales que historicamente han servido al hombre más de lo que este los ha servido a ellos, pues desafortunadamente no todo es prosa y poesía en el tortuoso mundo del caballo, porque en nuestro medio hasta se les hecha gasolina y se los quema cuando no quieren levantarse para trabajar, a las yeguas se las deja parir en la calle, se les da machete y se les mata de hambre:


De niño tuve en esta misma cordillera sobre la que ha transcurrido una buena parte de mi vida, una llegua amarilla de nombre La Chilena; la montaba cada que podía hasta que estuvo a punto de parir. De La Chilena retoñó un hermoso portro negro mineral a quien llamamos Azabache. Cuán extraño se comportaba ese potrico, parecía que siempre estuviera pensando por sí mismo y siempre en cosas divertidas. Y se le veía a menudo recrearse avistando los pajaritos que se alimentaban en el moral y presiguiendoles para verles volar asustados. Una sola vez lo cabalgué aún sin domar, a pelo, era un animal algo nervioso, excitable y perturbado, pero me aceptó porque comprendió que era su amigo, el que lo alimentaba por las mañanas con arracacha picada y le peinaba la crin con cepillo de alambre. Finalmente lo cambiaron por algunas monedas a un carretillero. Tal vez sea uno de estos que observamos en las fotos de este blog, descolorido ya de tanto maltrato.
Esta entrada tiene como propósito evitar el maltrato a los animales en general, pero el de los caballos en particular. Promovamos todos el buen trato a estos animales y denunciemos cualquier conducta que atente contra su bienestar.

GALOPE...
"Pocas cosas hay tan apasionantes como el lento galope de tu caballo.
Despacio, dejándote sentir, tranquilo, cadente... sin prisas...
Aquí te da la oportunidad de aprender a disfrutar de su movimiento.
Te espera y te da tiempo,te invita a saborear el momento,
su poténcia, la reunión de todas sus fuerzas y el deseo de satisfacerte.
Controla sus ganas de correr y las invierte en elegancia.
Tiene tiempo de perfeccionar cada uno de sus trancos
y consigue regalarte lo mejor de sí mismo.
No quieras intervenir en este momento, déjale que se entregue,
y agradécele lo que te está ofreciendo de la misma forma que él.
Mantén tu asiento relajado,tus manos tranquilas, la mirada en el horizonte.
Y él se sentirá orgulloso, se sentirá poderoso de haber conquistado tu corazón."








jueves, 8 de octubre de 2009

Disertación acerca de la Política de Seguridad Democrática

Me referiré esta vez de manera muy breve a una conversación sostenida la noche anterior entre algunos estudiantes de mi curso y la Doctora Flor Agudelo, directora del consultorio jurídico de la universidad, quien además es nuestra profesora de MASC (Mecanismos Alternativos para la Solución de Conflictos). Hablábamos pues, del actual gobierno de nuestro país y desde luego de su principal protagonista: Álvaro Uribe Vélez. La profe planteó el principal argumento de los uribistas que padecen esa rara patología nacional que he dado en llamar miopía política crónica; dijo que la Política de Seguridad Democrática era uno de los mayores aciertos de esta administración, porque ahora los colombianos podíamos andar en nuestro carro libre y desprevenidamente por las carreteras del país sin el peligro inminente de que la guerrilla nos secuestre o nos robe el carro y los demás bienes que poseemos, es decir, que la política de seguridad democrática había aliviado esa enorme y angustiosa sensación de inseguridad, desprotección e incertidumbre (Unsicherheit, como lo define Sigmud Bauman en su libro En busca de la política – pag 24).
Inmediatamente la increpé invitándola a reflexionar en torno al costo que la política de seguridad democrática ha tenido para los demás colombianos que compartimos este territorio (los que no tenemos carro y prácticamente no poseemos bienes materiales susceptibles de raponería, que a la postre somos mayoría), y por mencionar solo algunos de esos costos, le dije que en nombre esta macabra política de gobierno, 11 jóvenes de Soacha fueron privados de su libertad hace poco y transportados por efectivos de nuestro glorioso ejército nacional a 400 kilómetros de distancia de su casa, para luego ser brutalmente asesinados, disfrazados de guerrilleros y seguidamente presentados como muertos en combate, para que oficiales, suboficiales y soldados pudieran obtener asensos, licencias y condecoraciones por los resultados obtenidos en el marco de esta maravilla nacional que se llama Política de Seguridad Democrática.

Creí que este argumento bastaría para derrumbar ese sofisma que nutre de orgullo a las huestes uribistas, pero fui ingenuo al pensar que esta pequeña píldora pudiera curar esta miopía política uribista en mi profe.

Tratando de reforzar mi disertación, mencione muy superficialmente otros de los costos que la política de seguridad democrática ha acarreado a los colombianos, hable entonces, por mencionar solo algunos de los ejemplos más sonados en los medios escritos (pues la televisión y la radio están también contagiadas de esta epidemia de la miopía, enfermedad por cierto muy parecida a la descrita por Saramago en su obra Ensayo sobre la ceguera) de la yidispolítica, de las chuzadas del DAS, de la feria de notarías o cuellopolítica que permitió la aprobación del referendo reeleccionista, fenómeno frente al cual la yidispolítica parece un juego de niños, de la “vocación empresarial y el emprendimiento” de los hijos del presidente que abusan del poder para incrementar en cifras exponenciales su patrimonio mediante la creación de zonas francas por medio de actos de corrupción y manipulación, de la violación perpetrada por nuestro glorioso ejército nacional al irrumpir de manera atrevida en la casa del vecino (léase Ecuador) para cazar a Raúl Reyes y luego presentarlo como un trofeo de guerra ante la opinión pública, de la parapolítica, del desprestigio de nuestras instituciones públicas (congreso, fiscalía, procuraduría, cortes entre otras), de Carimagua, de Agro Ingreso Seguro, de la visita de Job a Palacio por la puerta de atrás.

Estaba en estas cuando la profe tomo el uso de la palabra para tratar de rebatir mis argumentos, y con aire algo impúdico aunque liviano, y en una actitud que nunca esperé en mi profesora de MASC, empezó a decir lo que a continuación relato:
Arguyó frente al asunto de los jóvenes de Soacha, que estos eran ciudadanos con antecedentes judiciales de subversión y rebeldía, y que habían sido contactados por la fuerza pública con el señuelo de que irían a delinquir con grupos armados y a hacer “vueltas” afines con la delincuencia organizada; basó su argumento en un artículo supuestamente publicado por la revista Semana que así lo afirmaba. Para ella, según le entendí, cobraba vigencia la teoría de la limpieza social como la posibilidad de higienizar nuestra sociedad a través de la eliminación de los residuos, es decir, aquellos ciudadanos a quienes la política de seguridad democrática no ha ofrecido una alternativa ni un proyecto de vida diferente de la delincuencia y la subversión.

Tamaña sorpresa me llevé al escuchar tal insensatez, pues era mi profesora de MASC quien estaba desconociendo de plano el derecho a la libertad consagrado en el artículo 28 de nuestra Carta Política, desconociendo el derecho a la vida contenido en el artículo 11 del mismo texto, el cual paso a transcribir enseguida: “El derecho a la vida es inviolable, no habrá pena de muerte”. Creo que esto quiere decir que aún el desechable, el delincuente y el violador más tenebroso y desagradable de nuestra sociedad, tienen derecho a existir bajo el cielo colombiano, y que es el Estado el que debe garantizar niveles de vida favorables que garanticen la paz nacional y el orden público, pero definitivamente la estrategia no es matar a los que abandonen la legalidad; salvo que recientemente una de las Altas Cortes o el Honorable Congreso de la República hayan modificado por vía jurisprudencial o legislativa este precepto constitucional en el que se fundamenta nuestro Estado Social de Derecho.

Allí termino la discusión, mis compañeros intervinieron luego, algunos a favor, otros en contra, pero ninguno de nosotros con la suficiente contundencia argumentativa que permitiera hacer entrar en razón a nuestra querida profesora.

Abro en este espacio un debate en torno a este tema, el cual permanecerá abierto hasta que termine este semestre.







sábado, 3 de octubre de 2009

El magisterio logró conservar su Régimen Pensional Especial


Tras cerca de dos años de espera e incertidumbre frente a su futuro pensional, los maestros colombianos hoy respiran más tranquilos, tras conocer el fallo del Consejo de Estado que mantuvo la vigencia del Régimen Especial Pensional de los docentes más allá del año 2010, el cual había estado en entredicho debido a un fallo anterior del mismo Consejo de Estado, que estipulaba su vigencia sólo hasta el año 2010.

Y es que en verdad se trata de un gran triunfo del magisterio, toda vez que la lucha por mantener la vigencia de su régimen pensional se había convertido en la principal bandera de sus movilizaciones, por el retroceso que ello implicaba en sus derechos históricamente adquiridos. Tanto así que en los últimos meses los maestros sindicalizados de todo el país realizaron varias actos y movilizaciones de protesta, e incluso definieron la realización de un paro nacional indefinido a partir del próximo 14 de octubre.

Ante la nueva situación producida por el favorable fallo del Consejo de Estado, este viernes se reúne el Comité Directivo de FECODE para definir si sigue en pie la orden de paro nacional indefinido, o ésta se revoca, según lo indicó Senén Niño, presidente de esta federación sindical, que agrupa cerca de 300 mil educadores en todo el país.

En concreto, lo que el fallo del Consejo de Estado quiere decir es que los docentes vinculados antes del 27 de junio de 2003 (fecha de entrada en vigencia de la Ley 812), se rigen por el régimen pensional contenido en la Ley 91 de 1989, esto es: se pensionan a los 55 años, con compatibilidad de pensión y salario y permanencia en el servicio hasta los 65 años.

Los nuevos docentes, es decir, los nombrados a partir del 27 de junio de 2003, se rigen por el régimen pensional de la Ley 100, excepto en el ítem edad de pensión, que para estos docentes será de 57 años, tanto hombres como mujeres, y no de 60 y 62 como dice la ley.

Razones del triunfo

“La decisión del Consejo de Estado es muy buena para el magisterio, es muy buena para el país y también para el Estado de Derecho”, señaló el señor Senén Niño, presidente de FECODE, quien agregó que el triunfo fue el resultado de un arduo trabajo hecho en varios frentes.

Senén Niño, presidente de FECODE

Un primer frente, recalcó Niño, fue el jurídico, en el que, con la asesoría de juristas muy competentes, se redactó un documento de análisis e interpretación de la ley y del fallo inicial del Consejo de Estado, documento que se llevó a todos los escenarios donde las directivas sindicales debatieron su problemática.

Otro frente en el que el magisterio también estuvo muy activo defendiendo su régimen pensional, fue el político, concretamente el Congreso de la República, donde consiguieron un buen apoyo parlamentario, y las esferas del algo Gobierno, donde se adelantaron consultas y gestiones con los ministerios de Educación y Hacienda, al igual que con el Presidente Álvaro Uribe Vélez, con quienes trataron directamente el tema.

El tercer frente fue la movilización y la presión por parte del magisterio de base, que en varias oportunidades salió masivamente a la calle a reclamar sus derechos. Fueron varias las movilizaciones realizadas, destacándose la toma de Bogotá el pasado 26 de agosto, que alcanzó a llenar la Plaza de Bolívar, y la toma de otras 4 capitales: Barranquilla, Cali, Bucaramanga y Medellín.

Y un cuarto frente, a la postre definitivo, fue la reunión que en sala plena las directivas de FECODE tuvieron con los magistrados del Consejo de Estado.

La lucha continúa

Lo logrado, sin embargo, no es como para dormirse en los laureles, señaló Senén Niño, quien recordó que aún siguen pendientes de solución varios temas gruesos en la agenda sindical del magisterio, por lo que la lucha debe continuar.

El presidente de FECODE ser refiere a la refinanciación del fondo de prestaciones sociales del magisterio, al que el Gobierno Nacional le adeuda una suma gigantesca de dinero, que asciende a 25 billones de pesos. El apalancamiento financiero de este fondo se requiere para poder sustentar el régimen especial de pensiones y acabar con el drama de la salud del magisterio.

Otro tema álgido, y al que el magisterio se niega a renunciar después de muchos años de lucha infructuosa, es la consecución del estatuto docente único, que dignifique la profesión docente.

Entre sus demandas pendientes también está la eliminación de la educación contratada y la entrega de colegios por concesión, lo cual, a juicio de FECODE, conduce a la privatización de la educación.

martes, 22 de septiembre de 2009

Jesucristo


Luego del trabajo, pasé esta mañana por la escuela de mi hijo para recoger su boletín de calificaciones correspondiente al cuarto periodo del grado primero de educación Básica Primaria.
La profesora Maritza es una buena persona, muy amable y comprensiva. Nos saludamos de acuerdo las formas propias de nuestra cultura e iniciamos la conversación hablando de cosas que personalmente considero trivialidades. Despues del rito de salutación, indague acerca del rendimiento de mi hijo. Me dijo inicialmente que en relación con lo académico su rendimiento fue excelente y superó ampliamente los logros propuestos para el año lectivo; en lo disciplinario tuvo algunas dificultades relacionadas en su mayoría con una pizca de hiperactividad propia, o al menos eso creo, de los niños promedio de la modernidad. Eso en términos generales. En términos particulares, y he aquí el motivo de la publicación de esta entrada, ocurre que al revisar detalladamente su boletín final, encontré una cantidad de calificaciones valoradas en excelente que me hizo sentir orgulloso. Sin embargo, en la asignatura de Educación Religiosa y Moral encontré calificado un logro con Sobresaliente (que en nuestro sistema es un poco menos que Excelente). Me llamó poderosamente la atención la manera como estaba planteado dicho logro, el cual paso a transcribir textualmente: "Con alguna dificultad logró reconocer que Jesús le comunica una nueva vida".
Absorto quedé cuando intenté preguntarme como diablos miden este tipo de aprendizajes en un estudiante que no supera los siete años, y que además no ha recibido, no recibe, y tal vez nunca recibirá una formación catolicista en su familia, formación que violaría flagrantemente su derecho a escoger de manera libre y voluntaria aquellas cosas en las que quiere creer, derecho de raigambre constitucional si se quiere mirar desde la perspectiva legal.
En lo que ami respecta, procurare no violentar ese derecho y más bien mostraré a mi hijo el abanico de posibilidades que tenemos los colombianos a la hora de decidir en cuales cosas creeremos, y cuales consideraremos imprecisas o fantasiosas, pues de imprecisiones y fantasias están llenos los textos religiosos, especialmente la biblia.
A los niños debe ofrecérseles la posibilidad de conocer desde temprana edad tanto la teoría creacionista como la evolucionista (y la otra que por estos días toma fuerza entre la comunidad científica y cuyo nombre ahora no recuerdo) sin intentar matricularlos tan prematuramente en una de esas dos escuelas.
Finalmente, creo que esta cátedra (Educación Religios y moral) debería ser aprovechada para inculcar otro tipo de enseñanzas y valores en los menores, relacionadas con la ética y la moral, desafortunadamente pocos docentes de nuestro medio conocen con un buen grado de profundidad los conceptos de moral y de ética.
No pretendo decir que la religión sea mala, pero lo cierto es que en nombre del catolicismo se cometieron barbaridades indescriptibles en nuetra virgen América de la conquista. Desde que el hombre es hombre y la mujer mujer, hemos tenido necesidad de creer en un poder superior que maneja los hilos de nuestro destino, y eso nos ha ahorrado una buena cantidad de preguntas relacionadas con nuestra existencia; pero es cierto tambien que desde que el hombre y la mujer son seres civilizados, debemos defender hasta con la vida el derecho de escoger libremente aquellas cosas en las que queremos creer.