Por: Ricardo Silva Romero www.ricardosilvaromero.com El Tiempo, Mayo 24 de 2.012
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| Una marcha de políticos improvisados que gritan: "¿usted no sabe quién soy yo?". El senador Merlano es sólo uno de ellos. |
Abogado, estudiante de especialización en Derecho Penal en la Universidad Santiago de Cali
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| Una marcha de políticos improvisados que gritan: "¿usted no sabe quién soy yo?". El senador Merlano es sólo uno de ellos. |


La postura de Mockus es mucho más coherente y pertinente, pero no por eso es menos clara o menos sencilla. Lo que pasa es que en el estado actual de cosas, dicha propuesta requiere de una pequeña explicación para ser entendida (explicación que no tiene cabida en nuestros debates estilo reinado de Cartagena).
El profesor Mockus representa, para diversas clases de electores, una opción viable para atacar estos dos problemas, conciliando posturas ideológicas tanto de seguidores como de opositores del presente gobierno. Juan Manuel Santos, quien hasta ahora lideraba cómodamente las encuestas de opinión, es visto como la continuación del mandato de Uribe, tanto en el mantenimiento de la política de seguridad democrática como en su manejo del tema social. Lo anterior, unido a su inexperiencia electoral y a su imagen asociada a la oligarquía colombiana, le esta costando día por día preciosos puntos en las encuestas, y posiblemente, votos el día de las elecciones. Los votos de Santos son una herencia del gobierno de Álvaro Uribe, mientras que los votos de Mockus han sido ganados gracias a una acertada y muy original campaña política.
La campaña de Mockus presenta una nueva y dinámica forma de hacer política en Colombia y el mundo. El uso de redes sociales con el apoyo seguidores comprometidos que no esperan cuotas burocráticas a cambio, la austeridad en los gastos de campaña (el Partido Verde se ha dado el lujo de rechazar parte de la reposición económica otorgada por el Estado a los partidos políticos en relación con los votos obtenidos en las pasadas elecciones legislativas), la alianza de los ex alcaldes de Bogotá y Medellín para la conformación del Partido Verde, la imagen de honestidad a toda prueba, el mostrar que los intelectuales universitarios sí sirven para gobernar (ejemplo único en la moderna geopolítica); y lo mas importante, la construcción de un plan de gobierno que busca propuestas novedosas para los males que aquejan a la sociedad colombiana, hacen de la campaña del profesor Mockus un ejemplo que va a ser seguido con detenimiento en Colombia y en el mundo a lo largo de las próximas semanas.
Juan Manuel Santos tiene mucho que aprender del profesor Mockus. Para comenzar, debe reconocer las fortalezas de su contrincante, desligarse de la imagen de Uribe, haciendo propuestas claras para combatir el problema del desempleo y la corrupción estatal; debe hacer más uso de las redes sociales e integrar a jóvenes de diversos estratos sociales a su campaña.
El elector colombiano no es el mismo de hace una década y le preocupa el clientelismo, una lección que los partidos tradicionales no han entendido. Los colombianos están ávidos de escuchar las propuestas de los candidatos, estas propuestas van a definir la presidencia de Colombia. La inexperiencia electoral de Santos lo obliga a tomar uno de dos caminos posibles: continuar con su campaña centrada en la continuidad de las políticas del gobierno Uribe, y esperar a que los fieles seguidores del Presidente voten por él sin preocuparse por sus propuestas, además de continuar con prácticas como el reclutamiento de líderes políticos de otros partidos. O tomar la lección del profesor Mockus, y dirigir su campaña a convencer directamente a los electores, quienes son en últimas los verdaderos beneficiados de los resultados electorales.
Hace varios días que quería escribir algo acerca de los caballos. No me refiero a mi suegro propiamente, aunque para el también este homenaje por su nobleza y humildad, cualidades que comparte con estos ungulados.

De niño tuve en esta misma cordillera sobre la que ha transcurrido una buena parte de mi vida, una llegua amarilla de nombre La Chilena; la montaba cada que podía hasta que estuvo a punto de parir. De La Chilena retoñó un hermoso portro negro mineral a quien llamamos Azabache. Cuán extraño se comportaba ese potrico, parecía que siempre estuviera pensando por sí mismo y siempre en cosas divertidas. Y se le veía a menudo recrearse avistando los pajaritos que se alimentaban en el moral y presiguiendoles para verles volar asustados. Una sola vez lo cabalgué aún sin domar, a pelo, era un animal algo nervioso, excitable y perturbado, pero me aceptó porque comprendió que era su amigo, el que lo alimentaba por las mañanas con arracacha picada y le peinaba la crin con cepillo de alambre. Finalmente lo cambiaron por algunas monedas a un carretillero. Tal vez sea uno de estos que observamos en las fotos de este blog, descolorido ya de tanto maltrato.
Me referiré esta vez de manera muy breve a una conversación sostenida la noche anterior entre algunos estudiantes de mi curso y la Doctora Flor Agudelo, directora del consultorio jurídico de la universidad, quien además es nuestra profesora de MASC (Mecanismos Alternativos para la Solución de Conflictos). Hablábamos pues, del actual gobierno de nuestro país y desde luego de su principal protagonista: Álvaro Uribe Vélez. La profe planteó el principal argumento de los uribistas que padecen esa rara patología nacional que he dado en llamar miopía política crónica; dijo que la Política de Seguridad Democrática era uno de los mayores aciertos de esta administración, porque ahora los colombianos podíamos andar en nuestro carro libre y desprevenidamente por las carreteras del país sin el peligro inminente de que la guerrilla nos secuestre o nos robe el carro y los demás bienes que poseemos, es decir, que la política de seguridad democrática había aliviado esa enorme y angustiosa sensación de inseguridad, desprotección e incertidumbre (Unsicherheit, como lo define Sigmud Bauman en su libro En busca de la política – pag 24).

